VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE TENER UN AUTO ELÉCTRICO EN ARGENTINA

Analizamos los pro y las contras de adquirir estos vehículos teniendo en cuenta el contexto del país.

 

La movilidad eléctrica avanza en el mundo a un ritmo acelerado, impulsada por políticas ambientales, innovación tecnológica y cambios culturales. En Argentina, este proceso se da de forma más paulatina y con particularidades propias del contexto económico y energético del país. Tener un auto eléctrico hoy representa una elección innovadora, pero también plantea desafíos concretos que vale la pena analizar desde una perspectiva realista.

Entre las ventajas más significativas se encuentra el ahorro en consumo energético. Cargar un auto eléctrico en casa puede costar entre cinco y diez veces menos que llenar un tanque de combustible. Incluso con tarifas segmentadas o aumentos en el precio de la electricidad, la eficiencia del motor eléctrico sigue siendo superior a la del motor a combustión. A esto se suma una mecánica más simple y robusta, lo que implica menores costos de mantenimiento. No hay cambios de aceite, correas ni filtros de aire, y los frenos duran más gracias al sistema de regeneración de energía.

Desde el punto de vista ambiental, la reducción de emisiones locales es un argumento contundente. Un auto eléctrico no emite dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno ni partículas en suspensión durante su uso. Si bien su huella de carbono depende del mix energético del país —que en Argentina aún incluye una alta proporción de fuentes fósiles—, sigue siendo menor que la de un auto a combustión en términos globales. Además, al no emitir ruido, contribuye a una circulación más silenciosa y menos estresante, especialmente en zonas urbanas.

 

Una alternativa aún lejana

En cuanto a las desventajas, el principal obstáculo sigue siendo el precio de los vehículos. La mayoría de los autos eléctricos disponibles en Argentina son importados y pagan altos aranceles, lo que los coloca en una gama de precios inaccesible para la mayoría de los usuarios. Si bien existen incentivos fiscales en algunos distritos y exenciones impositivas puntuales, todavía no hay una política nacional robusta que facilite su acceso masivo.

Otro aspecto crítico es la infraestructura de carga. Aunque Ciudad de Buenos Aires y algunas ciudades principales han comenzado a instalar puntos de carga públicos, la red aún es escasa, poco interconectada y sin estandarización. Esto limita la autonomía efectiva del vehículo y obliga al usuario a planificar con cuidado cada trayecto, especialmente en viajes largos. La posibilidad de cargar en el hogar con toma doméstica es una solución parcial, pero implica tiempos prolongados y requiere que la vivienda tenga instalación adecuada y cochera.

La autonomía es otro factor de peso. Aunque los modelos más modernos superan los 300 kilómetros por carga, muchos vehículos aún tienen rangos menores, lo que puede generar “ansiedad de autonomía” en quienes no cuentan con cargadores cercanos. Además, las condiciones climáticas extremas pueden afectar el rendimiento de la batería, algo a tener en cuenta en zonas frías o muy calurosas.

Tener un auto eléctrico en Argentina hoy es apostar por el futuro, pero con conciencia del presente. Es una decisión que combina convicción ambiental, interés tecnológico y una disposición a sortear limitaciones estructurales. Con políticas públicas adecuadas, incentivos inteligentes y mejoras en la red de carga, esta opción puede convertirse, en los próximos años, en una alternativa verdaderamente accesible para una porción mucho más amplia de la población.

 

Por Gustavo Jose Andrade

Director de Andrade Service, taller especializado en diagnóstico y reparación de autos

Autor del libro automóviles híbridos y eléctricos

www.automovileshibridosyelectricos.com.ar    

www.andradeservice.com.ar

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